Pedro arrancó el año nuevo y sintió ese olor conocido de borrón y cuenta nueva. Sin embargo, su bolsillo todavía carga todo el 2025, en especial el golpe de diciembre. Por eso, antes de empezar a hablar de metas, prosperidad, y Carnavales, se dio cuenta que tocaba hacer algo menos bonito, pero altamente necesario, mirarse en el espejo financiero sin maquillaje y con resaca.
Buscando ayudar a nuestro amigo Pedro, así como a todos aquellos que nos leen, les dejo aquí pequeñas chispas de sabiduría financiera, que serán de mucha utilidad para el 2026.
El primer paso, antes de ir al banco a abrir una nueva cuenta – o sacar otra tarjeta de crédito – es asincerarnos. Ver la realidad de lo que ocurrió en el 2025, hacer una “foto” del año, y comprender qué pasó. Agarra tus estados de cuenta (los puedes generar online, sea el de tu cuenta, de la tarjeta, del Yappy, de todo lo que tengas) y saca esos dos números que serán brutalmente honestos, cuánto chen chen te entró en 2025 y cuánto se te fue. Sí, se que puede darte algo de pereza, pero piensa esto, no saber a donde fue a parar tu plata es un poco como manejar sin luces por la noche y luego sorprenderte por haber chocado un MetroBus.
Una vez con esa foto – haya salido buena o no – toca la parte que ayudará a cambiar el juego a tu favor, ponerle nombres a tus gastos y movimientos. Podemos comenzar con algo tan sencillo como tres categorías o cajas. La primera es la de necesidades. Esto es lo que te mantiene de pie (por ejemplo, el alquiler o hipoteca, el súper, la gasolina o lo que pagas por el transporte público, la cuenta de la luz, etc). La segunda es la discrecional, o la de tus gustos. Piensa que es lo que le da color a la vida (por ejemplo, salidas a cenar, el pago del Netflix, regalos, donaciones, etc). Por último, pero no menos importante, es ahorro e inversión. Aquí va el dinero que tu separas para tu yo del futuro (por ejemplo, lo que metes en tu cuenta de ahorros, lo que aportas a tu cuenta de jubilación privada, etc).
Y aquí el punto clave que todos debemos tener presente, no se trata de tener un presupuesto perfecto. Al final, lo perfecto no solo es enemigo de lo bueno, sino también de lo posible. Se trata de construir un presupuesto práctico. Si ves que tu realidad hoy no da para ahorrar un 20%, no te pongas a inventar. Empieza así sea con un 1% de tus ingresos. Lo que importa es crear el hábito, y poco a poco el músculo financiero irá creciendo.
Hazlo que trabaje realmente para ti, fija primero tus necesidades, porque esas no perdonan (en especial tus deudas). Luego, define un tope para tus gustos y míralo bajo la óptica de que no es “nunca más”, sino más bien es “hasta aquí”. Y el ahorro e inversión, ponlo en piloto automático; esto lo puedes hacer fácilito desde tu banca en línea. Muchos tienen la mentalidad de esperar a ver qué sobra para ahorrar; el problema está en que casi nunca sobra.
Algo que Pedro se dio cuenta que le funciona muy bien, y que tu pudieses también aplicar, es tener cuentas diferentes. Tipo una para las necesidades, otra para los gustos, y otra para el futuro. Lo que es para el futuro, no lo tocas. Es bastante parecido a un seguro, es mejor tenerlo y no necesitarlo, que necesitarlo y no tenerlo. Si eres de los que ya tienes un fondo de emergencia, date un buen espaldarazo, que estás empezando el año con paso firme, y empieza a considerar separar una parte de tus ingresos para invertirlos, según tu tolerancia al riesgo y tu plazo. Pero recuerda, sin saltarte ningún escalón.
Arrancar el año planificado no es ser “financiero”, ni mucho menos “duro”. Es ser realista y prepararte para los próximos 365 días (y mucho más) de manera seria. El año nuevo no se arregla solo con ideas o esperanza, se arregla con un presupuesto que aguante la carretera de la vida. Y cuando la quincena se sienta apretada como tranque de hora pico, tener un plan tal vez no te hará rico, pero te ayudará a manejarla de la mejor manera posible.
¡Feliz año y nos vemos con Pedro en el 2026!